Compartimos sonrisas y lágrimas, pero sobre todo risas y complicidades. Gracias por no juzgar. Gracias por escuchar sin opinar. Gracias por hacerme saber que siempre van a estar conmigo si las necesito. Gracias por hacerme saber que, aunque hago cosas que no comprenden, me están esperando siempre ahí donde las necesite. Siempre van a ser mis mejores amigas. Entre otras cosas, ¡porque sabén demasiado! Y acuerdense que si deciden tirarse de una montaña, no voy a saltar con ustedes, voy a esperarlas abajo,
para salvarlas.